Tras la breve pausa estival, la diplomacia multilateral reinicia su actividad en septiembre, como tantos escolares. Este inicio de curso suele coincidir con la semana ministerial de la Asamblea General de NNUU en Nueva York. De camino a esa ciudad, me detuve en la capital de Islandia, Reykjavik y, a continuación, realicé mi primera visita oficial a Canadá.
Desde el pasado mes de julio, Islandia es país candidato al ingreso en la Unión Europea. Hace justo un año que giré una visita a este país, la primera de un Ministro de Asuntos Exteriores español. Por aquel entonces, la clase política islandesa debatía la conveniencia de adoptar el euro, aunque al mismo tiempo se mostraba muy reticente sobre la posibilidad de ingresar en la Unión Europea ... Ya se sentían las primeras consecuencias de las turbulencias financieras que derivaron posteriormente en la actual crisis económica, pero la clase política islandesa no preveía en aquel tiempo la bancarrota en la que iba a quedar sumido su país pocas semanas después del desplome de “Lehman Brothers”. En la actualidad gobierna la Alianza Socialdemócrata en coalición con la Izquierda Verde y la Primera Ministra, Johanna Sigurdardottir, ha logrado convencer a la mayoría del Parlamento islandés de la necesidad de presentar su candidatura para ingresar en la Unión. Como presidencia de turno de la Unión Europea, la del gobierno español impulsará las negociaciones con este país a partir de enero del año próximo.
Tras entrevistarme con la Primera Ministra y con el Ministro de Asuntos Exteriores de Islandia, me desplacé a Ottawa, la capital de Canadá, segundo país mayor del mundo en extensión y el más septentrional, en que la naturaleza tiene un protagonismo esencial.
Las autoridades canadienses nos dispensaron, tanto a mí como a mi delegación, una cálida acogida en un día ya otoñal. Canadá presidirá el G-8 durante el año 2010, coincidiendo por tanto con la presidencia española de la Unión Europea. Nuestros dos países, octava y novena economía del mundo respectivamente, tienen un gran potencial en lo que a sus relaciones bilaterales se refiere. Por otra parte, durante mi visita a Ottawa fuimos conscientes de una nueva dimensión internacional hacia el Ártico, que conlleva ya un nuevo interés estratégico por parte de la comunidad internacional. También pudimos rendir homenaje al ex Presidente de Canadá (1963-1968) y Premio Nobel de la Paz en 1957, Lester B. Pearson. Visité su modesta tumba y recordamos allí mismo su visión y valentía política al revindicar el 0.7% del PIB de los países más desarrollados para ayuda oficial al desarrollo de los más pobres. Pearson sigue siendo para mí fuente de inspiración en materia de cooperación al desarrollo; de hecho, soy partidario de convertir en obligatorio para los países desarrollados lo que él propuso hace más de cuarenta años como voluntario. Todo ello sin ignorar las dificultades añadidas que existen en la actualidad, debido a la crisis económica, que exige de nuestros países un esfuerzo más intenso y una mayor responsabilidad.
Desde Canadá me desplacé a Nueva York, capital del mundo por una semana y centro de una actividad frenética durante la conocida como Semana Ministerial de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Allí se reúnen autoridades de casi todos los países del mundo. Creo que podemos agrupar en cuatro grandes bloques las prioridades de esa semana:
• lucha contra el cambio climático y preparación de la Cumbre que tendrá lugar el próximo mes de diciembre en Copenhague (COP-15),
• desarme y no proliferación de armas nucleares,
• Alianza de Civilizaciones
• defensa de los derechos humanos.
A estos grandes temas se pueden añadir algunas crisis de carácter regional que, sin duda, estarán en el centro de los debates y de los múltiples encuentros de la semana: el proceso de paz en Oriente Próximo, la crisis iraní y el reinicio de negociaciones, la situación de Afganistán tras las elecciones celebradas el pasado mes de agosto, la crisis de Honduras, etc. Durante esta semana mantendré, al menos, cuarenta y cuatro reuniones bilaterales con los ministros de otros países y responsables de diversas organizaciones internacionales en el intento de aunar esfuerzos para la defensa de los objetivos que antes os he mencionado.