Buenos días
Quiero agradecer a la organización de la Conferencia de Política de Seguridad de Munich su amable invitación a participar en este panel. Saludo a todos los que nos acompañan en esta sesión titulada Managing instability: global challenges and the crisis of global governance.
De manera muy especial, quiero saludar y felicitar a los componentes de esta mesa: al Ministro de Defensa de Japón, Yasukazu Hamada, al Ministro del Interior alemán, Wolfgang Schäuble. Saludo también a Strobe Talbott, antiguo miembro del Departamento de Estado norteamericano y presidente de Brookings, así como al director de Human Rights, Kenneth Roth, al politólogo, Joseph Nye, y al profesor de la Universidad de Singapur, Kishore Mahbubani. Me siento muy complacido de participar con todos ustedes en este panel de la Conferencia de Política de Seguridad.
Creo que el tema propuesto y la composición de esta mesa son muy significativos para adentrarnos en su contenido. Los retos y desafíos de la gobernanza del siglo XXI necesitan de múltiples enfoques, aportaciones y respuestas, tanto institucionales como de muy diversos ámbitos y disciplinas, algunas representadas en esta mesa (defensa, seguridad nacional, sociedad civil, academia e investigación, y política internacional).
Todos estos ámbitos influyen y contribuyen a configurar consensos que deben sostener una perspectiva holística, sistemática y eficaz en la Comunidad Internacional. De este modo, saldremos reforzados de las crisis y se consolidarán y crearán nuevas instituciones necesarias para el mundo de hoy y del mañana, que articularán las cada vez más complejas relaciones internacionales. La complejidad y la presión temporal superan el escenario en el que se crean la mayoría de nuestras instituciones internacionales tras la Segunda Guerra Mundial.
Estamos ante una nueva era, ante un punto de inflexión (turning point), y tenemos la responsabilidad política e histórica de refundar el orden global. Debemos afrontar un período de reformas desde el consenso político y la inclusión de nuevos actores, desde la promoción de la confianza y la profundización de los valores y principios sobre los que sustenta la Comunidad Internacional.
En el análisis de las relaciones internacionales son muchos los estudiosos y expertos que recurren a teorías científicas para explicar su complejidad y superar los enfoques analítico-descriptivos tradicionales. La introducción de conceptos como complejidad e incertidumbre aplicados al sistema internacional son los grandes desafíos a los que se enfrenta hoy el responsable político internacional.
El gran físico estadounidense y premio Nobel, Murray Gell-Mann, sostiene que todos los sistemas, incluido el internacional, son sistemas complejos adaptativos que adquieren información tanto sobre su entorno como sobre la interacción entre el propio sistema y dicho entorno. El principio de incertidumbre de Heisenberg niega la capacidad de conocer de forma simultánea y con exactitud la posición y la velocidad de una partícula, algo que podría aplicarse a la realidad mundial. Muchas veces, nos encontramos en una situación difícil para desvelar al mismo tiempo las razones, las posiciones y las posibles reacciones de un actor internacional ante un acontecimiento inesperado, pues si se pretende conocer e influir en una de estas variables, la intervención pueda alterar las demás.
Por su parte, el científico francés Théodore Monod considera el azar como elemento clave de toda investigación. El azar positivo más determinante en el medio internacional es el acuerdo político efectivo, que puede diluir la visión catastrofista. La ausencia de creatividad y de voluntad sólo conduce a gestionar mal la realidad y no a transformarla.
Afrontar nuevos desafíos es hoy una tarea más compleja que en el pasado. Ya no se producen guerras convencionales, y los conflictos ya no concluyen en tratados con vencedores y vencidos. No basta con las recetas coercitivas clásicas, sino que las actuaciones deben tener un enfoque que aglutine dimensiones políticas, sociales, religiosas, humanitarias o medioambientales. El sistema internacional del siglo XXI debe arbitrar los mecanismos necesarios para amortiguar la imprevisibilidad y la incertidumbre.
En la política internacional y la diplomacia de hoy deberíamos de ser capaces de establecer historias probables y preparar posibles respuestas. Podríamos identificar con rigor las distintas partículas elementales (factores políticos, económicos, medioambientales), conocer su campo de acción y combinarlas con ese azar positivo, comprometido, que es la acción política de los gobernantes.
Este horizonte complejo e incierto no debe minar el entusiasmo en la búsqueda de modelos para la creación de un sistema de gobernanza global capaz de gestionar con creatividad y eficacia retos globales. Éstos abarcan desde la lucha contra la pobreza, el uso de armas nucleares al cambio climático y condicionan el futuro de la humanidad y del planeta.
Los procesos de globalización pueden tener efectos indeseados, como lo prueban las crisis económica y financiera, la alimentaria o la persistencia del hambre y la pobreza, que requieren respuestas decididas y compromisos firmes. La refundación del sistema internacional será verdaderamente global y exitosa si intervienen en ella todos los actores. En este sentido, debemos ser conscientes de los cambios políticos de occidente a oriente y de norte a sur; tenemos que incorporar muchos más condicionamientos técnicos en la adopción de decisiones; tenemos que utilizar las redes sociales como herramientas de capacitación, al tiempo que tenemos que escuchar con mayor atención a los jóvenes de todo el mundo.
Señoras y señores…
Permítanme denominar a esta nueva fase, que tiene como referencia este año, el año 2009, como un proceso constitutivo global (global constitutive moment). Desde España, entendemos que hay que mirar más allá de las dificultades actuales para afrontar ese momento constituyente con confianza y optimismo en el futuro.
Este proceso constitutivo global no se limita sólo a tratar aspectos puntuales, sino que se refiere a amplios sectores de la vida internacional. Por este motivo, además de la gobernanza económica, debemos afrontar la gobernanza política y de seguridad, y la gestión de los nuevos retos globales.
Para refundar la gobernanza económica y financiera se deben incorporar mecanismos de regulación y control. La sociedad civil global reclama una intervención proactiva de la política en la globalización y así lo han puesto de relieve líderes políticos de todos los continentes. Desde la defensa de la creatividad de la libre empresa y el mercado, en España hemos mantenido que el papel del Estado es esencial para hacer respetar el derecho y defender los valores fundamentales.
Esta combinación virtuosa nos ha llevado a ser hoy la octava economía del mundo, según datos del Banco Mundial. Considero que la reunión del G-20 ampliado de Washington debe ser un precedente para impulsar un proceso de profundas reformas en los mecanismos de regulación de la economía internacional, inspirado en los principios de transparencia, accountability, respeto del derecho (rule of law) y, también de solidaridad y respeto del medio ambiente. España está dispuesta a asumir su responsabilidad en este proceso.
Debemos reformar también la gobernanza global en materia política y de seguridad. El objetivo inicial es aumentar nuestra propia seguridad, la seguridad de los Estados, pero somos conscientes de su dependencia de muchos escenarios internacionales. Después de siglos de guerras encarnizadas, Europa y otras regiones del mundo hemos vivido una paz prolongada durante más de sesenta años. Por tanto, en Europa sabemos que la paz entre los pueblos es posible, que es posible la “paz perpetua” de Kant, y sabemos también que la paz genera beneficios económicos, sociales, culturales y políticos, al tiempo que nos conduce al desarme. Desgraciadamente, amplias zonas en África y el Oriente Medio siguen todavía sufriendo el flagelo de la guerra, y desde Europa debemos hacer todos los esfuerzos, con actores locales y externos, para cambiar esa situación.
El Gobierno de España está convencido de que la nueva Administración de Estados Unidos del Presidente Barack Obama hará una contribución fundamental a la paz en el mundo. Pero esta es una tarea colectiva, en la que los norteamericanos y los europeos debemos trabajar conjuntamente. Y codo a codo también con Iberoamérica y África en la construcción de un eje Atlántico de paz y de progreso,… de un Nuevo Occidente.
Para que la paz venza (prevail), el Consejo de Seguridad debe ocupar el papel central que le asigna la Carta. Aunque existen posiciones diferentes sobre su reforma, estoy convencido de que el criterio principal que se impondrá finalmente es el recogido en el artículo 23 de la Carta: los miembros del Consejo de Seguridad tienen que ser elegidos “prestando especial atención, en primer término, a la contribución de los Miembros de las Naciones Unidas al mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales y a los demás propósitos de la Organización”. Las mayores contribuciones a esos fines tienen que significar mayor participación en el Consejo.
En los albores del siglo XXI no hemos todavía logrado colmar las aspiraciones de desarme que se generaron tras el final de la Guerra Fría. Una política efectiva de desarme y no proliferación (máxime cuando persiste el riesgo de que grupos terroristas puedan tener acceso a armas de destrucción masiva) sería un instrumento eficaz de seguridad y también de confianza.
El terrorismo internacional persistirá como una amenaza de nuestro tiempo. La respuesta es también aquí una mayor concertación y gobernanza global. Debemos y podemos recuperar el espíritu de solidaridad internacional que afloró espontáneamente tras los atentados del 11 de septiembre, cooperando a través de marcos e iniciativas multilaterales que, como el Acuerdo Global contra el Terrorismo, abordan este fenómeno en toda su complejidad y antepone el respeto a los Derechos Humanos y las leyes internacionales.
Señoras y señores…
En la actualidad conviven en el mundo viejos y nuevos conflictos, aunque el paradigma sigue siendo el conflicto de Oriente Medio, porque incorpora elementos del pasado (paz, territorios, soberanía…) y nuevos elementos (terrorismo, armas de destrucción masiva, radicalizaciones religiosas …). Además, este conflicto condiciona y determina buena del desarrollo de las relaciones internacionales. La única vía de solución es la acción política y diplomática, no la militar. Lo que nos exige reconstruir la dinámica negociadora para desterrar definitivamente la violencia de esta tierra, que se desangra por la incomprensión y el dolor.
Hace pocas semanas, en Sharm-el-Sheikh, renovamos nuestro compromiso con una solución negociada y definitiva al conflicto y con la reconstrucción de Gaza. Llevamos ya más de cinco décadas de sufrimiento y desesperación, cinco décadas reclamando una solución definitiva, cinco décadas de impotencia de la comunidad internacional para la construcción de un Estado palestino viable y pacífico, para poner fin a la violencia y al terror contra Israel, para reactivar el proceso de Madrid que comenzó hace 20 años o para consolidar las conversaciones entre Siria e Israel.
Nuestros amigos árabes e israelíes saben que siempre les apoyaremos en su anhelo de paz y de seguridad en la región. La UE tiene un papel importante en ese esfuerzo y considero que la OTAN, junto con otros actores, podría ser llamada a desempeñar un papel en la resolución de este conflicto que no puede enquistarse por más tiempo.
La Unión Europea y la OTAN deben trabajar conjuntamente para mantener la paz y la seguridad. Ambas organizaciones son conscientes de la necesidad de adaptar sus instrumentos a los retos globales del Siglo XXI. De ahí el impulso que estamos dando a la dimensión de seguridad y defensa de la UE. Y de ahí también la importancia de las reflexiones sobre la posible puesta al día del Concepto Estratégico de la OTAN. Considero que la Cumbre de Estrasburgo-Kehl el próximo mes de abril será una buena oportunidad de lanzar el debate sobre cómo puede la Alianza adaptarse al mundo del Siglo XXI.
Ese ejercicio de puesta al día del Concepto Estratégico debe estar basado en el concepto de una seguridad amplia, indivisible y cooperativa. Seguridad amplia, que incluye el "enfoque global" que ya procuramos aplicar a las misiones de paz de la UE y la OTAN, con el necesario concurso de múltiples actores. Seguridad indivisible, que debe tener en cuenta los legítimos intereses de seguridad de todos, promoviendo así la confianza. Y seguridad cooperativa, plasmada en marcos multilaterales de diálogo y cooperación.
La gobernanza global estaría incompleta si no se introduce en la ecuación la creación de un orden global más solidario y sostenible, y más comprometido con los derechos humanos. Junto a las nuevas amenazas y a los riesgos tradicionales, existen otras de origen más difuso pero que nos afectan a todos. La pobreza extrema no sólo afecta a la seguridad humana, regional y global y provoca movimientos migratorios imparables, sino que atenta a la dignidad de los excluidos e interpela a la conciencia del mundo desarrollado. En la interrelación el desafío del hambre y la pobreza, el modelo económico global y la seguridad, encontramos también la degradación del medio ambiente y los efectos del cambio climático que, lógicamente, inciden en el concepto de la seguridad humana.
Llegado a este punto, creo que es hora de hablar también de la gobernanza cultural. El discurso del Presidente Obama fue un reflejo de la multiculturalidad de los Estados Unidos y un final de la Norteamérica “Wasp”, que abre esperanzas para el desarrollo del diálogo intercultural. Europa es también intercultural. El mundo es intercultural. En este sentido, Naciones Unidas ha dado un paso decisivo en la construcción de un nuevo pilar en la Organización…, el pilar intercultural, que cuenta con un instrumento como la Alianza de Civilizaciones que día a día recoge más adhesiones.
Señoras y señores…
España es sensible al nuevo marco de la gobernanza global y se siente involucrada en la resolución de retos globales, a través de un compromiso político y social firme, que viene determinado por su posición geoestratégica en el mundo. Estamos en una encrucijada geográfica e histórica entre Europa, América, el Mediterráneo y África, y mantenemos una antigua tradición de vínculos con países asiáticos que se ha actualizado en los últimos años. España aspira a convertirse en un actor global comprometido con la gobernanza global.
En este sentido, la sociedad española ha dado muestras inequívocas de su solidaridad y apertura al mundo. Y el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ha incrementado su ayuda oficial al desarrollo más que ningún otro Estado y ha demostrado su compromiso con la paz internacional, ha acogido a millones de inmigrantes y ha propiciado diálogos interregionales como la Alianza de Civilizaciones, y con nuestros socios de África y de América.
Cuando se reúna nuevamente esta Conferencia de Seguridad en 2010, España habrá comenzado semanas antes su Presidencia semestral de la Unión Europea. Confío en que lo haremos con un Tratado de Lisboa plenamente en vigor; pero, en todo caso, demostraremos una vez más nuestro compromiso para la construcción de una Europa integrada y con mayor disposición a trabajar con Estados Unidos y otros socios para aportar soluciones a los retos y desafíos comunes. Europa debe confiar más en el futuro para convertirse en un actor global cohesionado y con un modelo capaz de alumbrar respuestas a los desafíos de la gobernanza global.
Por todo ello, España se manifiesta dispuesta a asumir sus responsabilidades en los foros de decisión globales y puedo asegurarles que somos conscientes de la compatibilidad entre los intereses nacionales y los de la Comunidad Internacional. Las políticas nacionales aisladas y el proteccionismo no son eficaces para afrontar la gobernanza global, son sólo un espejismo de la desconfianza y una imagen distorsionada y obsoleta del progreso de la Comunidad Internacional y de toda la Humanidad.
Muchas gracias.
Estimado Sr.Ministro: Las decisiones globales son, a su vez, decisiones locales y nacionales. Las redes internacionales nos unen cada vez y con más fuerza. El proteccionismo hoy por hoy, resulta un paso atrás en el marco en el que nos movemos, y más España, un país en la vanguardia mundial económica y socialmente. Me ha gustado mucho ésta última entrada. Me alegro de seguir leyéndole. Ánimo y suerte.
Me dirijo a usted como coordinador general del Centro Europeo de Estudios sobre Flujos Migratorios (Las Palmas de GC), cuyo presidente es Jerónimo Saavedra. Mi pregunta es la siguiente: ¿cómo justificar los vergonzosos interrogatorios a que funcionarios del Consulado español en Bogotá someten a nacionales colombianos y españoles que desean contraer matrimonio? ¿Cómo puede permitirse que un funcionario anónimo se atreva a plantear a esas personas preguntas sobre cuestiones íntimas de la vide de la pareja, en nombre supuestamente del control de los flujos migratorios? Le doy mi palabra de honor de que no hablo por hablar. Y le agradeceré que me brinde la oportunidad de ilustrarle personalmente y de modo reservado ese vergonzoso espectáculo que denigra a España. Le envío un cordial saludo.